Friday, March 4, 2011

Track 2 (el 'Peluca' sabe)

‘Rata’, ‘Flaco’, ‘Peluca’ eran tan solamente algunos de los apelativos con los que se conocía al popular ‘Capitán’, famoso barman de uno de los más populares locales del centro de la ciudad, el ‘Cimarrón’. ‘Capitán’, cuyos nombres, apellidos y edad eran un misterio para toda su fanaticada, llevaba varios años en el oficio de preparar tragos conocidos y otros tantos inventados por él mismo, dar consejos a quienes se acercaban a sus dominios (la barra) y afanar –con frecuente éxito- a las señoritas que caían por ahí a divertirse el fin de semana. Durante los últimos seis años, éste era su empleo conocido; sin embargo, y como él mismo comentaba, pasó varios momentos de su vida deambulando entre costa, sierra y selva.

Fanático del reggae, la salsa dura y la música criolla, cuando tuvo edad para manejarse solo, que en sus palabras era sinónimo de terminar la escuela, aunque él no lo decía porque era una etapa de su vida que prefería no comentar, se ganó la vida en cuanto trabajo le llegase. Así tenemos: asistente de cocina en restaurante cinco tenedores, ayudante de diseñador gráfico, administrador en una pizzería (su tío era el dueño. No deducir que tenía sangre italiana), promotor en un almacén de tiendas por departamentos y una mediana lista de trabajos eventuales que sólo contribuyeron a que ‘Capitán’ ahorre unos cuantos dólares y se dedique a lo que tanto le apasionaba y llamaba la atención: viajar.

Cuando dejó su empleo como cuidador de perros en la zona más exclusiva de la ciudad, agarró todo lo que tenía en la habitación que alquilaba en una pensión en la zona este: 3 polos viejos, jeans y un par de zapatillas ‘Adidas’, algunos accesorios para el baño, reproductor mp3, un par de libros, dinero y cerró la puerta por fuera. No se le vio más por ahí. Tampoco pretendía regresar. Cogió también un papel donde tenía anotado, con perfecta caligrafía, una lista de lugares que le interesaban, ya sea por comentarios de amigos o porque los leyó en alguna parte: Tortugas, Huanchaco, Mancora, Montañitas, Cartagena, Ciudad de Panamá y algunos más. “Vamos hasta donde aguante el cuerpo y el billete” fue la frase que pronunció luego de leer sus potenciales destinos. “He chambeado duro para esto, ¿no? Así que ya pues… vamos a gastar la plata. Total, yo la he sudado”. Esa era su arenga y muy motivado fue al terminal de buses, compró boleto de ida a su primer destino y comenzó el viaje, que –a decir de él mismo- no le inspiraba mayor expectativa que disfrutar de la gente (acá estaba incluido el sexo), la comida y la bebida. No deseaba involucrarse con nadie, no deseaba verse envuelto en una telaraña de Cupido, le había declarado la guerra abiertamente. Quienes más lo conocían afirmaban que se debía a una gran decepción que tuvo algunos años atrás. Una chica que conoció en uno de sus oficios fue la protagonista de la historia. Enamorado hasta el tuétano, no dudó en sacar a relucir, después de varios años y muchos Días de la Madre, aquel talento escondido que tenía para la poesía. Disfrazado de vate, elaboró sonoros versos y empalagosos sonetos, pero si alguno habría que destacar, sería el que sigue:

Será tu sonrisa
El día que esa sonrisa se apague
Se apagarán varias galaxias
Se extinguirán otros recuerdos
Perecerán viejos amores
El día que esa sonrisa no esté
Me desharé de otros acordes
Maldeciré varias canciones
Y de unas cuantas emociones
Algo perderá su sentido también para mí
El día, pequeña, que ya no quieras reír
No lo hagas por favor
No mates esa luz
Muestra ese brillo al mundo
Que yo cargo con mi cruz

No era el primer viaje que hacía solo. Ya algún tiempo atrás había estado por varios lugares históricos en la sierra, como Machu Picchu, el Lago Titicaca o Santa Cruz en Bolivia. Ese viaje lo había bautizado como de purificación y relanzamiento pues se dio a los pocos días de haber recibido de vuelta el poema mencionado con una nota que decía: “te quiero pero lo siento, voy a volver con el padre de mi hijo”. Golpe bajo y a la lona. Cuenta regresiva hasta diez y no da para más. Knock out. En ese entonces tomó una rápida decisión, dejó su trabajo y se fue a las montañas, donde se le quedó grabada la hermosa vista que tenía desde la ventana del bus durante las largas horas del viaje a Cuzco, mientras escuchaba ‘Sorri, sou rei’ de Natiruts. En esta oportunidad, a pesar que siempre fue de aquellos cuyo rostro no mostraba expresión alguna, su semblante dejaba ver un halo de entusiasmo y otro de preocupación. ‘Capitán’ siempre había sido de aquellos cuyo carácter parco, serio, circunspecto, no denotaba ningún tipo de emoción; sin embargo, él mismo decía entre sus amigos más cercanos que le temía a muchas situaciones y que “mil veces prefiero que alguien me diga qué o dónde tengo que ir, que yo mismo armar un plan cuando tengo que viajar”. Por eso esta vez, él mismo sentía orgullo de sí al verse emprender esta travesía con rumbo norte.

Tortugas y su mar cristalino fueron la primera parada. Intentó comunicarse con algunos ex compañeros de colegio que por allí vivían y trabajaban. No tuvo éxito. En Huanchaco la historia fue mejorando, quizás porque es un balneario más grande, más cercano a una urbe o porque la proporción turistas-no turistas es mayor. Si bien, ‘Capitán’ no era lo que se conoce como un galán de telenovela, podría decirse que tenía, como se dijo al inicio, un considerable éxito con el sexo opuesto. Quizás por su verbo florido o por su mirada penetrante, lo cierto es que sabía por dónde comenzar a entablar una conversación, lo que le garantizaba algunas noches de lujuria, sin ataduras ni responsabilidades. A veces, sin pagar. En Mancora el desapego por el pudor y las buenas costumbres fue notable. Noches de desenfreno al pie de la carretera lo llevaron a convertirse, por esos días, en un políglota consumado. Aprendió inglés, francés, alemán y hasta japonés en tiempo record con tal de anotarse algunos puntos con las foráneas. En la mayoría de casos, como era de suponerse, lo conseguía. Igual historia ocurrió en Montañitas, Ecuador. Alcanzó a conocer Quito y luego se volvió a su punto de origen, con menos dinero pero con muchas anécdotas y satisfacción encima.

Su siguiente meta: Europa. Para ello tenía que conseguir un trabajo, así que se apuntó de plomo de una consagrada banda local de rock pop. A pesar que no era su onda, la chamba le permitía seguir en contacto con guapas chicas, las llamadas grupees, que al verse rechazadas por los músicos principales, y para estar siempre al lado de la banda, terminaban enredándose con el staff de apoyo. Siempre sin ataduras, el maduro ‘Capitán’ daba rienda suelta a sus antojos los fines de semana o los días que la banda tenía alguna presentación.

Fue durante uno de esos conciertos que conoció al dueño de ‘Cimarrón’, con quien entabló gran amistad dada su coincidencia en el gusto por los estupefacientes. Pero no fue sino hasta algunos meses después cuando le propuso hacerla de barman en su local, toda vez que ‘Capitán’ había adquirido algo de experiencia durante su periplo por los balnearios antes mencionados. Experiencia adquirida casi a la fuerza, ya que de no haberlo hecho, hubiese tenido que volver caminando. El exceso de juerga y la vida disipada a la que se acostumbró le había hecho una mala jugada con el cálculo de dinero que tomó consigo. Como él decía, eran gajes del oficio de mochilero. Así fue que un sábado diecinueve de junio de 2004 hizo su debut detrás de la barra del conocido local y desde el principio dejó huella con la elaboración de fosforescentes tragos cuyo nombre se conservaban semana a semana, mas no la preparación.

- Oye, chochera. Llévate a tu amigo, mejor. Me está maleando la plaza.
- Si. Es que acaba de terminar con su flaca y está depre.
- Llévatelo igual. Esta ebrio hasta el culo y necesito que la barra esté libre para más gente… y dile que no llore por una flaca. Hay cosas más importantes en la vida que preocuparse por una flaca. Chibolo guevon, pues.


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